¿QUÉ ES EL AMOR?
Si deseamos indagar sobre lo que es el amor, encontraremos en la literatura que -por ejemplo- ya los griegos hablaban de cuatro tipos de amor:
1. EROS: Un amor intenso, físico y generalmente efímero, más relacionado con la idealización del momento, con la pasión y el impulso del deseo corporal: es el motor básico del sexo.
2. STORGÉ: Un amor fraternal, comprometido y duradero. Generalmente se cultiva a largo tiempo y en muchos casos implica una relación filial o una antigua coincidencia con alguien más. Hasta cierto punto es un sentimiento protector y que denota lealtad.
3. PHILIA: Solidaridad, hermandad y amor al prójimo son algunas de las premisas fundamentales de este tipo de amor. Es la máxima expresión amorosa y con frecuencia sirve como motor para que un individuo busque el bien común, por lo que se desdobla en aspectos como el respeto, la gentileza y la cooperación.
4. ÁGAPE: Se refiere a la frecuencia más profunda del amor. Su vehículo es la pureza, la incondicionalidad e incluso la devoción. Esta forma de amor es universal, como el amor por una deidad, por la naturaleza o por la humanidad completa.
Sin embargo, esta clasificación -por otra parte no excluyente- es el resultado de racionalizar (superponer la mente) a esta realidad insondable que es el amor.
La Visión Interior
En cambio, si profundizamos en nosotros mismos veremos -coincidiendo con la noble Sabiduría Védica- una simplificación de la cuestión: el amor es algo incondicional. Es decir, no está sujeto a ninguna condición previa para manifestarse. Esta nota esencial nos ayuda a identificar su presencia y a disipar nuestras dudas.
El amor auténtico se manifiesta en un impulso interior espontáneo que nos lleva a acercarnos y entregarnos a otra persona; a entregarle nuestro ser, nuestro tiempo, dedicación, atención, ayuda, cariño, etc. pero sin esperar nada a cambio. Suele decirse que el amor auténtico “brota del alma”.
Es decir que en su manifestación, el amor auténtico no admite cálculos previos, especulaciones, previsión de futuros beneficios u obtención de otras ventajas; en tal caso sería “conveniencia propia” pero no amor. No puede ser amor porque allí donde haya especulación, habrá intervenido la mente -usurpando el lugar propio del alma, el “corazón”-.
Sin esperar nada a cambio supone también dejar de esperar una determinada respuesta de esa persona por quien hemos actuado con amor (por lo que -como suele suceder- no deberíamos enojarnos ni cambiar nuestra actitud hacia ella si no reaccionase como habíamos esperado).
Actuar desinteresadamente es verdaderamente algo muy valioso y necesario, porque es fuente de felicidad (por eso no se requiere esperar nada más para obtenerla). La felicidad surge por sí misma desde el amor auténtico.
El amor auténtico podemos irradiarlo en cualquier tipo de relación que tenga lugar en nuestra vida.
El amor no necesita ser perfecto;
sólo necesita ser auténtico.
