POLICROMÍA DEL AMOR
Con el término “policromía” nos referimos a una sucesión infinita de colores que se entretejen sin solución de continuidad. Colores que además se funden unos con otros en una continua gama permanentemente cambiante, dentro de un movimiento sin fin.
Imaginemos ahora un arco iris donde cada tonalidad representa una de las posibilidades en que se manifiesta el amor. No decimos en que “puede manifestarse” sino “en que se manifiesta”, porque ese es el estado verdadero del amor; estar vibrando permanentemente en impredecibles tonalidades.
Estas tonalidades son las historias amorosas de nuestra existencia; aquellas que hemos vivido y las que no nos han sucedido aún (sin saber si tendrán lugar alguna vez -he aquí su impredecibilidad-).
Las historias que hemos vivido “en cuerpo y alma”, es decir aquellas que han podido “materializarse” desde el plano sutil en donde nacieron y adonde pertenecen; las que se han deshecho a causa de los impedimentos propios de este plano terrenal -material-, pero que siguen arraigadas en nuestro plano sutil; las que nunca habremos terminado de comprender por qué fueron como fueron -a menos que recurramos a las nociones del karma o de los acuerdos entre las almas antes de encarnarnos-; todas ellas y más, forman parte de las variaciones y transformaciones que nos acontecen a lo largo de la vida, en la sucesión de distintos amores o quizás del mismo a través de diferentes “compañeros de viaje o de aventuras”. Y sin embargo, a pesar de las luces y sombras de su devenir, no es posible renunciar al sentimiento constante del amor que nos habita ni al impulso a vivirlo cada vez que volvemos a vibrar en su sintonía.
Las experiencias de amor que vivimos con otro ser humano -a quien sentimos como complemento perfecto- se manifiestan, por ejemplo, en incontables temas musicales en todo lugar y en toda época. Al explorarlos en su letra y música, asistimos a la eterna danza que tiene lugar entre nuestro Ser profundo y nuestro Ego, con sus serpentinas, fluctuantes y muchas veces caprichosas reacciones frente al amor.
No obstante, si profundizamos, podremos llegar a notar las coincidencias que aparecen entre nuestra historia y las historias que se cuentan en las canciones. Tal parece que tarde o temprano “todos vivimos lo mismo”.
El Amor implica la Vida; y Vida es lo que tenemos. Mejor dicho, Vida es lo que somos; somos la Vida. En consecuencia, somos también el Amor.
Este maravilloso descubrimiento podemos alcanzarlo cuando llegamos a existir plenamente desde nuestro Yo profundo, desde nuestro Ser interior. De ahí la importancia de permitirnos el aprendizaje que la Espiritualidad requiere para facilitar su manifestación, como aprender a serenar nuestra mente y aprender a conocernos, para finalmente poder ser lo que realmente somos.
