1. EL DESARROLLO DE NUESTRO PROPIO SER

Cuando hablamos de evolución personal nos referimos al desarrollo de nuestro propio Ser, a la manifestación irrefrenable de eso que sentimos que ya somos pero que paradójicamente continuamos tratando de conocer, para volcarlo al mundo.

En efecto, tenemos consciencia de que hay algo dentro de nosotros que está esperando emerger y ocupar su lugar; que hay un propósito en nuestra vida que no nos abandona nunca y busca proyectarse en la realidad. La manifestación de esta necesidad la sentimos siempre, de manera constante y permanente; nos acompaña a través de las distintas etapas de la existencia, volviéndose así cada vez más clara. 

Asimismo, este sentimiento es algo profundamente íntimo y como tal, inexplicable con palabras. Además, observamos que este “destino” sólo cobra significado para nosotros; es algo intransferible a los demás.

Nuestro Ser interior se halla en un permanente movimiento hacia su exteriorización, hasta llegar a ocupar “su” lugar en el mundo. Así, a esta clase de movimiento podemos llamarlo “evolución”; nuestra propia evolución. En este sentido podemos decir, que "la vida resulta ser un insospechado viaje hacia uno mismo".

A su vez, la irrupción de nuestro Ser interior está profundamente vinculada al despliegue de nuestra espiritualidad.

Cuando a cierta altura de nuestra vida llegamos a ser testigos de la revelación de nuestro Ser, brota ineludiblemente un estado de felicidad que tampoco puede traducirse en palabras pero que podemos “sentirlo” como aquel estado que hemos estado buscando toda la vida.

Así, la evolución interior conduce a la aparición de nuestro propio Ser y posibilita la manifestación de la auténtica felicidad -aquella "felicidad sin motivo aparente"-.