2. LAS VICISITUDES DE NUESTRA EXISTENCIA
Es fácil comprobar que casi “desde siempre” vivimos lidiando con innumerables e interminables adversidades, desazones y problemas que hemos padecido o continuamos padeciendo. Las cosas “no nos salen”, no son como queremos. O bien somos víctimas de atropellos, anulación, humillaciones, sometimiento de nuestra libertad, desvalorización constante, etc. o, por el contrario, somos nosotros quienes maltratamos a los demás, menospreciándolos y erigiéndonos en modelos superiores y absolutos sobre “cómo deben ser las cosas”, pretendiendo tener siempre la razón en todo -incluso cuando a veces nos demos cuenta de que aún sin ser felices así, no podemos evitarlo-.
Las situaciones descriptas son apenas una ligera muestra de lo que llamamos nuestra “vida real” (aunque sólo estamos viendo una parte de ella). Pero lo que sí es cierto es que tanto en un caso como en el otro, estos obstáculos existenciales impiden que nuestro Ser -nuestra esencia- aflore y brille con luz propia. Las imperfecciones manchan, obscurecen y hasta nos producen un cierto “olvido” de nuestro verdadero Ser.
Por tal motivo, constituyen serios obstáculos para que podamos vivir nuestra felicidad. No sólo nos la impiden a nosotros mismos, sino que también irradiamos esa imposibilidad a quienes nos rodean. Este proceso no es inocuo, ya que puede derivar -como suele advertirse a diario- tanto en importantes enfermedades de nuestro cuerpo y mente, como en la destrucción de aquellos lazos afectivos que nos unen con nuestros “seres queridos”.
Tenemos entonces, por un lado, nuestra vida concreta dirigida hacia o padecida desde el mundo exterior y, por otra, el anhelo íntimo de nuestro Ser profundo que busca permanentemente llegar a ocupar su lugar con felicidad. En esta tensión nos movemos y así se nos pasan los días, sin alcanzar “nunca todavía” nuestro sueño.
Se hace imprescindible entonces deshacer el nudo creado por el condicionamiento, en el que creemos “vivir”.
3. LA SALIDA DEL CONDICIONAMIENTO
