4. El CONOCIMIENTO TRASCENDENTAL, EL DESPERTAR, LA FELICIDAD.
Ya desde tiempos de Sócrates se señalaba que la capacidad de formular preguntas era un fenómeno exclusivamente humano; y así, a su vez, el conocimiento constituyó la respuesta para toda búsqueda nacida de la interrogación.
Ineludiblemente, en algún punto de su existencia, todo ser humano siempre se enfrenta con interrogantes profundamente íntimos: ¿quién soy?, ¿qué soy?, ¿qué es la vida?, ¿cuál es el propósito de la vida?, ¿para qué he nacido?, ¿cómo hacer para ser feliz? y otros por el estilo.
Sin embargo, la tan anhelada respuesta a estas preguntas no involucra solamente un aspecto conceptual o meramente intelectual; sino que abarca también una dimensión vivencial, entrando así en el plano del Amor.
Es por eso que -por ejemplo- las enseñanzas del Yoga del Conocimiento pueden también reparar esas profundas heridas que arrastramos en el fondo de nuestra mente y devolvernos a nuestro estado original de felicidad y de paz interior.
A través de nuestros Seminarios y Clases de Armonización, procuramos transmitir aquella espiritualidad propia de la Sabiduría de Oriente, que siempre resulta apropiada cada vez que se vuelve imperiosa una profunda renovación vital. Sin embargo, tal renovación vital implica la previa existencia de un genuino deseo de transformación personal. Bajo esta condición, una vez que hemos entrado en contacto con el Conocimiento Supremo, ya nada es cómo antes; generalmente, todo es mejor.
